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Yemen al extremo entre guerra, pobreza y Covid 19

 
16 junio 2020   |   Yemen, Coronavirus, Médicos sin fronteras
 
Por Bruno Cantamessa

En el ya martirizado país llegó el Covid-19, cobrando las primeras víctimas y difundiéndose sin ningún control. La compleja situación política y militar no es un buen augurio. Y también está el riesgo de una catástrofe ambiental.

En los últimos días, en el sito web de Médicos sin Fronteras, se han publicado algunos testimonios directos sobre la propagación de Covid en Yemen. La organización internacional que trabaja en 72 países del mundo, ha estado presente en Yemen desde hace más de 30 años y desde el 2007 de manera estable. Como era de esperar y se temía, la pandemia se está extendiendo en el país, ya postrado por la guerra, el hambre y epidemias de cólera, difteria y dengue. El centro de MsF se encuentra en la periferia de Aden, en un viejo hospital oncológico restaurado, y es el único centro médico dedicado al tratamiento del Covid-19.

«Lo que estamos viendo en nuestro centro –cuenta la coordinadora Caroline Seguin-, es solo la punta del iceberg en términos de la cantidad de personas infectadas y que mueren en la ciudad. Los pacientes llegan donde nosotros ya demasiado tarde para ser salvados y sabemos que muchas más personas definitivamente no vienen y están muriendo en sus casas».

El patio del centro médico de Aden está lleno de cilindros de oxígeno, pero cada vez es más difícil mantener el abastecimiento, y se necesitan 250 tanques diarios para mantener con vida los enfermos que actualmente están hospitalizados en terapia intensiva. Pero también son insuficientes los dispositivos individuales de protección para los médicos y los trabajadores sanitarios. Las mascarillas se lavan y se reutilizan.

Según los informes disponibles, al inicio de junio Covid-19 habría llegado a 10 de las 22 provincias gubernamentales en las que está dividido el país, con casi 500 contagios y 122 muertes. Pero hay poca información sobre más del 60% de la población, que vive fuera de las zonas urbanas (18-20 millones de personas). Y la pobreza es tal (120 dólares al mes el ingreso promedio) que el costo de las mascarillas, cuando se encuentran, es insostenible para la mayoría de las personas: 300 riales yemeníes (0,50 dólares) por la más sencilla y hasta los 5.000 riales (8 dólares) por la profesional.

En el contexto social de una guerra caótica y fragmentada como la de Yemen, el concepto de distanciamiento social es algo extraño, casi incomprensible, en comparación con las bombas, el hambre y los problemas que cada día ponen en peligro la sobrevivencia. Tanto en el Norte como en el Sur.

El cuadro político es muy difícil incluso de entender. Con una extrema simplificación, se puede decir que actualmente hay dos conflictos entrelazados. En el Norte están los insurgentes, llamados Huthíes en honor a su fundador, principalmente chiitas y zayitas proiraníes que pertenecen a Ansar Allah (partidarios de Allah).

Los huthíes se oponen a los sauditas, que apoyan a los Yemenitas del Sur del gobierno reconocido de Aden. Arabia Saudita que lucha contra los insurgentes huthíes lidera una coalición que también incluye a los Emiratos Árabes Unidos (EAU).  

En cambio, en el Sur, al gobierno de Adén (el mencionado anteriormente) se oponen los secesionistas del Consejo de Transición del Sur (Stc) que están en contraste con los sauditas y son apoyados por los Eau. Más o menos así: los sauditas y los emiratos son aliados en el Norte y se oponen al Sur.

En el Sur hay una fragmentación extrema entre las áreas pro-sauditas que han rechazado la declaración autónoma de los secesionistas y otros pro-secesionistas. Al lado y en medio hay zonas controladas de adherentes a Al-Qaeda y otras cercanas al Daesh. Un caos enmarañado de todos contra todos, «en un territorio ya salpicado de micropoderes y micro batallas». (E. Ardemagni, en Dossier Ispi, Focus Mediterraneo allargato n° 13, mayo 2020).

Para hacer las cosas aún más complejas, también tenemos que tener en cuenta a los desplazados internos y los migrantes externos. Cuántos sean los desplazados internos es difícil determinarlo, de todos modos, son del orden de algunos millones. Los migrantes externos serían alrededor de 138 mil (OIM), principalmente etíopes y somalíes provenientes del cercano Cuerno de África. Pero continuamente llegan otros.

Si agregamos los poderes que arman a los contendientes y a los productores de armas que suministran a unos y otros, se comienza a intuir el motivo por el cual la pandemia de Covid-19 no es sino uno de todos los elementos, percibido tal vez como no tan grave, con los que los yemeníes deben contar todos los días. 

Lo absurdo de todo esto es que los contendientes se dan cuenta de que ahora ninguno está en condiciones de prevalecer, pero no saben cómo salir. Como si fuera poco, la petrolera británica Safer, abandonada desde hace 5 años en el norte de Hodeidah, amenaza su desplome dispersando 140 mil barriles de petróleo (más de 22 millones de litros) en el Mar Rojo. ¿Será necesario uno de los peores desastres ambientales de la historia para cambiar algo?  

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