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El vaso medio lleno: las relaciones más allá de la pandemia

 
29 mayo 2020   |   , ,
 

Las relaciones en el momento del Coronavirus: ¿Cómo mejorarlas a pesar del aislamiento, el miedo y la mediación tecnológica? ¿Qué puede enseñar esta experiencia? Le preguntamos a Giovanna Cosenza, profesora de Filosofía y Teoría del Lenguaje en la universidad de Bolonia.

Estamos viviendo un momento dramático para la humanidad, cuyas consecuencias aún se deben entender completamente. La tecnología se ha vuelto fundamental, incluso más que antes, para comunicarse, para encontrar la fuerza para resistir el aislamiento y el miedo. Según su opinión, ¿Estamos en un punto de no retorno?

Giovanna Cosenza: “Partamos de una premisa: Los seres humanos, en cuanto tal, están hechos para tocarse, para abrazarse, para percibirse, no para verse a través de una pantalla, esta es nuestra naturaleza intrínseca. Algunas personas y algunos pueblos son más espontáneos en esto, otros lo son menos, pero es un hecho que para establecer relaciones sanas con los seres humanos es necesario mirarse a los ojos. Puede suceder que se discuta, se pelee, pero la base sigue siendo que, al mirarnos a los ojos, permanecemos cercanos incluso en la diferencia, incluso cuando las diversidades culturales acostumbran distancias de diferente intensidad.

Ahora, incluso antes del Covid-19 estamos experimentando una dura prueba de esta capacidad relacional que, lo repito, tendría que ser natural. Hay personas que escapan de las relaciones, no pueden mirarse, no pueden ponerse al descubierto; en muchos jóvenes existe el riesgo de acostumbrarse a evitar este aspecto de la relación, especialmente en un momento en que nos tienen “filtrados” en la red y las tecnologías; a la larga, esto solo puede inyectar dentro de nosotros malestar y distanciarnos todavía más, porque nos acostumbramos a algo para lo cual no estamos hechos como seres humanos. Pero debemos convertir la necesidad en virtud; sin demonizar nada, aun más valorando los recursos tecnológicos, no debemos olvidarnos nunca que nuestro verdadero origen y la sustancia de bienestar está ahí, en la relación auténtica. Cuando todo termine tendremos que recordar esto”.

Cuando todo termine…. ¿Pero mientras tanto?

GC: “Aprendemos a usar esto medios para mejorar las relaciones: nunca como en este momento estamos inmersos en videollamadas, llamadas de todo tipo, con un poco de confusión entre la vida privada y profesional: las personas entran en tu hogar en cualquier momento, ve lo que vives, a veces también tus familiares que aparecen en el fondo de las llamadas, y cada treinta segundos se verifica una distracción que no es funcional en la relación que estas viviendo. Inmersos en esta conexión continua y confusa, nos atraen miles de cosas mientras nos comunicamos con alguien. En cambio no, es necesario encontrar un límite, un orden, recuperando la atención por la relación que estamos viviendo. Yo por ejemplo me aíslo: si estoy hablando con un estudiante busco un espacio donde ni el niño ni el esposo puedan entrar, al menos por aquellos 10 minutos, y me dedico totalmente a ese alumno. Si le explico bien al niño que la mamá trabaja, el niño entiende, no se siente descuidado, yo me dedico completamente al trabajo y luego seré toda para mi niño. No todos podemos hacer esto, hay situaciones de mucha incomodidad donde encontrar un sitio es imposible, pero también en este caso lo que cuenta es aprender a dedicarse a una persona a la vez, hasta el fondo, a una cosa a la vez. Así se recupera la paz, se recupera el sentido de una relación, el sentido de una vida hecha de lo público y lo privado, con un límite “sano” que aumente en nosotros el sentido del cuidado por el otro. Solo así podemos comenzar a salvar las relaciones”.

Paradójicamente, ¿Se podría decir que al aprender a estar solo se valoran las relaciones?

CG: “Sí, si sabes estar solo, si sabes cómo enfrentar la soledad, con todo lo que implica, no te apoyas en las relaciones, no las usas de manera utilitaria, sino que te relaciones de una manera sana, donde ciertamente, recibes, pero también eres capaz de dar. Entendámonos: no es que estos problemas no existieran antes, la emergencia Covid los ha acentuado, es por eso que necesitamos recuperar la atención por el otro que tendremos que tener también después. No cedamos a las distracciones”:

¿Cómo enfrentar el miedo, también por el mañana, con el arma de la palabra?

GC: “El miedo no se puede cancelar, hay que admitirlo, reconocerlo. El miedo con todos sus matices de tensión, ansiedad. Mientras que la angustia se verifica por algo indefinido, que no sabemos cómo identificar, el miedo se da por algo concreto. La primera cosa entonces es reconocer y distinguir ambas cosas y usar la palabra para expresar la emoción y elaborarla con los demás. No es fácil, porque ya sea en privado como en público, generalmente se habla de cosas: por ejemplo, los números, en este periodo han sustituido la realidad, pero los números pueden ser leídos de mil formas, hay quien mira los muertos, quien ve más los recuperados, pero detrás de los números hay personas, hay dinámicas. Cada uno de nosotros tendría que aprender a compartir más las mismas dinámicas que lee detrás del número, discutirlo con los demás, para exorcizar el miedo, calmar la rabia, pero también para ver las cosas de manera más objetiva”.

Comencemos a ver también las palabras de manera objetiva, usted es una experta de palabras: “Todo irá bien”, es un eslogan que nos acompaña en estas semanas. Sin embargo, para muchas personas no ha ido bien y no sabemos qué nos espera en el futuro…

GC: “Todo irá bien” no niega algo que salió mal. Perdí a un gran amigo antes de la pandemia y las muertes son siempre de personas y no de números: viví toda su enfermedad que fue siempre grave desde cuando se le descubrió; continuamente le decía: “Todo irá bien”, entre nosotros, personas cercanas nos dividíamos en esta actitud positiva. Mi idea era “no serán tres meses si no a lo mejor tres años”. Otros amigos decían: “todo irá mal”, “ya no lo reconozco”. Luego el amigo murió realmente, por lo tanto, si veo las cosas así, yo estaba equivocada. Pero, te digo la verdad, lo volvería a hacer. Yo creo que también en aquellos últimos dos meses, fue bien tanto para él como para mí, tener una actitud constructiva, que no negaba la gravedad de la situación porque esto nos permitió vivir lo mejor posible ese drama. Yo siempre digo “todo irá bien” sin negar la muerte y la desesperación de lo que ha sucedido y está sucediendo. Porque también decir las cosas alimenta la confianza, una confianza en el “nosotros”, solos no llegamos a ninguna parte y esto, lo debe demostrar una auténtica relación. No somos autosuficientes, tampoco con toda la tecnología de este mundo. Si se entiende esto, la palabra encuentra verdad, también estas tres palabras, “todo irá bien”. Por eso digo que sonreír, hasta el último momento con este amigo mío, fue la mejor manera de acompañarlo, porque realmente lo creía, no fingía. Realmente volvería a hacer todo”.

¿Existe el riesgo de caer en un optimismo fácil?

GC: “Un día salí a pasear y compartí por whatsApp con mis amigas la imagen de dos muchachos que probaban una coreografía, en la oscuridad, a la distancia, con equipos que todavía están en la cultura del rap: bailaban sin mucho volumen, muy respetuosos de la situación, solos. Para mi fue la mejor imagen para decir “Todo irá bien”. Para otras personas, como para estas amigas mías, la misma imagen representó algo feísimo, porque vieron más la ciudad vacía que los dos jóvenes bailarines. Aquí, no es optimismo, es diversidad de puntos de vista sobre una situación, es ver el vaso medio lleno, comunicarlo al otro tal vez para ayudarlo, pero luego dejándolo también libre de verlo medio vacío, si quiere; por otro lado, la vida es esta, mientras un niño nace otra persona muere…”

¿Realmente esta experiencia nos ayudará a ver más “el bosque que crece”?

GC: “Es el trabajo que hacemos todos los días, es ese de embellecer nuestra realidad, sea la que sea; cierto, en este periodo hemos visto morir muchas personas, vemos la muerte cara a cara, que siempre más es un tabú. Este compromiso también nos puede restaurar una pacificación con la muerte, dándonos un gusto diferente por la vida que tenemos que enfrentar todos los días en cosas pequeñas. Si no se entiende la muerte, no aferras la vida y si esta pandemia nos ayudara también a recuperar la actitud positiva hacia nuestra realidad, ayudaría a ese cambio de mentalidad que es tan necesario para enfrentar esta segunda fase”.

En estas últimas semanas muchos han escrito que el Coronavirus puede hacernos redescubrir la solidaridad, la cercanía, en definitiva, la fraternidad entre personas y pueblos. Pero ¿realmente es así?

GC: “Espero que sí, depende de muchos factores, también del tiempo disponible. Se necesita un tiempo suficientemente largo dentro de una experiencia para darle sentido: el tiempo de convivencia con el virus parece ser así y, por un lado, confío en que la solidaridad que hayamos podido tener y quizás por el otro, que también nos ha faltado muchísimo por el aislamiento, nos pueda hacer redescubrir el valor de lo que tenemos entre nuestras manos, para una recuperación gradual de una intervención positiva en nuestras vidas”.


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