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Workshop

Como una única familia más allá del mar

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De Giovanna Pieroni

El compromiso de Lorenza y de su comunidad en la región del Trentino (Italia) para apoyar los proyectos de la Onlus,[1] Acción por Familias Nuevas no se detiene a pesar de la pandemia y llega a Líbano y Siria. La última iniciativa es la recolección de flores de sauco.

Lorenza Coraiola es una enfermera pensionada. Dice que es tímida, pero a mí me parece un volcán de iniciativa y generosidad. Comprometida en el diálogo interreligioso, su pasión es vivir por los demás, especialmente por los más necesitados. Cercanos o lejanos que estén.

«En nuestro territorio, en Rovereto, -dice- hay personas de origen árabe. Viviendo cerca de estas familias me he dado cuenta de las dificultades que encuentran cada día, no dominando el idioma italiano. Los apoyo, por ejemplo, en las citas médicas para exámenes de especialistas, en la lectura de informes online, en la inscripción de los niños a la escuela, en el cuidado de los niños cuando lo necesitan, si los abuelos o tíos se han quedado en sus países de origen… las distintas personas con las que estoy en contacto están contentas de poder ayudar a quien lo necesita y así compartimos las necesidades de todos. Estoy viviendo esta experiencia que Dios interviene en la vida de cada uno, dando una respuesta con la cercanía a los hermanos».

Siria y Líbano están en tu corazón ¿Cómo nace este amor?

«Nace con el Apoyo a distancia (SAD) de AFN (Acción por Familias Nuevas) que empecé hace muchos años: era 1990. Había leído el lanzamiento del proyecto en Líbano en Città Nuova (versión italiana de la revista Ciudad Nueva). Las consecuencias de la guerra que comenzó a finales de los años 70 eran terribles. Se necesitaba sostener e incentivar la educación de los niños para que no abandonaran el país y ayudaran en la reconstrucción del Líbano. Sentí que podía ayudar en este proyecto involucrando también a mis colegas de trabajo. Sostuve a distancia al niño durante su crecimiento. Hoy Johny tiene 40 años y trabaja en Dubái. Desde el 2008, transformé su SAD (apoyo a distancia) en apoyo al proyecto “Centro médico social de Beirut” que todavía llevo adelante.

¿Cómo te sientes parte de esta familia?

Una cosa que realmente tengo que elogiar es que, a lo largo de los años, siempre ha habido el empeño de enviar las actualizaciones. Narraban la situación precaria, la desconfianza, la desesperación de la gente y el aporte de los contribuyentes que llegó como bálsamo para tantas heridas. Era una corriente de amor que iba y volvía: y esto me parecía muy importante. En las comunicaciones se sentía la atención, la premura por hacer que los donantes se sintieran protagonistas. Es como ser una única familia más allá del mar. Sentirse partícipes de lo que se vive allá, el dolor y la esperanza. La precariedad, pero también la alegría de los niños que atiende el equipo del Centro, expresión de la fuerza de la vida que continua. Poder constatar que la esperanza renace también a través del SAD de personas, que estamos en una red de amor».

¿Y Siria?

«También Siria está en mi corazón. Con amigos del Trentino, seguíamos los eventos del pueblo sirio en la web de AFN y de AMU (Asociación Mundo Unido). Nos preguntábamos qué podíamos hacer para ayudar concretamente en esta situación realmente dramática. Desde hace algunos años organizamos cenas, cenas que no sólo nos permiten recolectar dinero para los proyectos, sino que eran una ocasión para estar juntos e involucrar personas cristianas y musulmanas. Recuerdo a algunas señoras árabes que han dado su contribución preparando bandejas con dulces típicos de su país. Comencé a dialogar con ellos y a acercarme al sufrimiento de esta comunidad de sirios musulmanes. Luego, adherimos a la recolección de firmas para suspender el embargue provocando un gran dolor porque la iniciativa no logró el objetivo esperado. Últimamente en la web de AFN fue publicada una carta de Robert Chilaud (representante del proyecto en Siria) que llegó a Trento hace unos meses y con quien ya habíamos tenido una reunión zoom, en la que lo hemos sentido muy cercano…».

Y la puesta al día de Robert te ha empujado a convertirte nuevamente en promotora de solidaridad…

«Cuando leí la carta de Robert donde contaba que la gente está perdiendo la esperanza, fuerza, pero, él ponía un ejemplo de un momento donde la Providencia había levantado y devuelto el valor a una persona. Hice una donación personal y luego pensé compartir esta necesidad de Siria con la comunidad de Rovereto: tenemos una caja común que usamos para sostener algún pobre y pagar los gastos por el uso de las salas para nuestros encuentros. Pero desde hace más de un año no hemos podido reunirnos por tanto tenemos un remanente. Todos en la comunidad estuvieron de acuerdo de enviar solidaridad para apoyar al programa de emergencia de Siria de AMU y AFN. Cada uno de nosotros tiene cerca a alguien que está necesitado, pero no podemos olvidar de los que están tan probados, aunque estén lejos de nosotros».

¿Ha sido posible organizar iniciativas de solidaridad también con la pandemia?

«En estos dos años no hemos podido organizar más cenas, pero también el verano pasado un buen grupo de familias se reunió en Val di Non por cuarto año consecutivo para la operación “Jugo de manzana solidario” gracias al soporte del “Consorcio Melinda” que donó manzanas para la producción de un optimo jugo, vendidos luego para sostener los proyectos en Siria. Ahora era urgente pensar en alguna otra cosa. Así, nos vino a la mente realizar y proponer a los conocidos jarabe de sauco, una bebida muy apreciada en el Trentino durante el verano. Una empresa local que supo que iniciativa era para una obra de solidaridad, pensó hacer este trabajo gratuitamente. Nosotros pagamos las botellas y nos equipamos para la recolección de las flores de esta planta que nace espontáneamente a lo largo del río Adige y en el campo. Ayudándonos también con bastones dotados de tijeras en la parte superior, pudimos recoger las flores más altas y abiertas. La empresa nos había pedido al menos 10 kg de flores para la producción, pero yo no habría apostado ni siquiera un café a que hubiéramos podido recolectar esa cantidad porque la floración estaba atrasada. Cuando pesamos las bolsas de papel donde las colocamos, ¡pesaban 32 kg en total! Cuando se complete la floración en los campos submontanos, haremos otra cosecha. Cada uno de nosotros promoverá la venta de jarabe de sauco entre sus conocidos, dado que de momento no podemos realizar banquetes y lo recaudado se destinará a la emergencia en Siria».

[1] Organización no gubernamental de cooperación y solidaridad internacional

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