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“Y tú, ¿qué piensas?”: El laboratorio de diálogo en España que desafía a la polarización

by Manuel Nacinovich

“Y tú, ¿qué piensas?”: El laboratorio de diálogo en España que desafía a la polarización
Foto Unsplash

En tiempos de polarización, una iniciativa de la Fundación Igino Giordani puso a prueba, a través de un ciclo de 4 encuentros, el diálogo como herramienta para comprender al otro sin buscar imponer una verdad.

El diccionario define al diálogo como una plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. Es una sentencia que vale para orientarnos sobre su significado, pero demasiado escueta por sí sola.

Hablar de diálogo también es hablar de una herramienta con un potencial enorme que, como toda herramienta, verá resultados según la forma en que se la utilice.

La Fundación Igino Giordani, en España, llevó adelante un laboratorio para explorar las consecuencias de generar un espacio destinado exclusivamente a reunir personas y trabajar el ejercicio del diálogo.

Así es “Y tú, ¿qué piensas?”, el ciclo de diálogo de la Fundación Igino Giordani

Y tú, ¿qué piensas? es un proyecto formativo de la Fundación Igino Giordani que buscó reflexionar sobre diversos desafíos sensibles de la sociedad actual tomando al diálogo como herramienta real de transformación personal y social. Un ciclo de cuatro encuentros online organizados en distintos temas, una metodología y unas normas de participación.

Credit: Unsplash
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“Nos parecía que hoy en día la sociedad está muy polarizada, hay muchos puntos de vista extremos, por ejemplo aquí en España, derecha o izquierda, y que parece que casi no podemos hablar. Vas a sacar un tema, das tu opinión, pues ya enseguida va a causar conflicto y no hay forma de hablar”, dice Susana, una de las organizadoras de Y tú, ¿qué piensas?

El punto de partida del ciclo fue la figura de Igino Giordani (1894-1980), hombre italiano que da vida y nombre a la fundación y que luchó por los grandes ideales humanos del siglo XX: paz, libertad y justicia social, tal como señalan desde la organización. Fue un diputado poco ortodoxo en el parlamento de Italia, “testigo de una cultura política que valora la coherencia, el diálogo y la construcción de la paz”, marcado por haber sido enviado al frente de batalla en la Primera Guerra Mundial. También fue periodista, escritor, ecumenista y bibliotecario. Y además cofundó el Movimiento de los Focolares.

“Lo que queríamos conseguir era dialogar sin discutir, simplemente por querer entender la posición del otro y expresar la propia con tranquilidad, sin atacar a nadie”, dice Susana. “El objetivo es expresar y entender. No es nunca encontrar una solución ni encontrar algo correcto. O sea, no estamos buscando algo correcto o incorrecto, sino que estamos buscando posturas”, añade.

Los 4 ciclos se dividieron en las siguientes temáticas:

  1. ¿Qué nos dice Igino Giordani hoy frente a nuestro mundo en guerra?
  2. Polarización y cultura del diálogo. ¿Podemos pensar diferente sin pelearnos?
  3. Inmigración: ¿Es posible afrontar esta cuestión sin dividirnos?
  4. Paz: ¿Utopía o tarea posible?

Tiempo, moderación y pautas: el esquema de trabajo

Para realizarlos, los organizadores plantearon algunas directrices. En primer lugar, entendieron que generar pequeños grupos antes que grupos grandes favorecería mejor el intercambio. De hecho, una vez finalizado el taller observaron que era evidente cómo las personas conversaban con más soltura cuando eran pocos en lugar de muchos. A mayor cantidad de gente, mayor predisposición a solo escuchar sin intervenir.

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Luego, lanzaban preguntas provocadoras que preparasen el terreno para discutir algunas de las temáticas, siempre con un moderador que dirigiera la conversación.

Y, fundamental, el tiempo. Cada participante tenía un tiempo determinado para hablar, que se regulaba con cronómetro. Durante ese momento, solo el participante podía hablar y el resto debía escuchar. Una vez finalizado ese tiempo, el resto podía hacer preguntas; pero no para debatir, sino para asegurarse de que había entendido la postura expresada por el participante.

Siempre se aclaraba: cada postura de cada persona tenía que ver con la experiencia propia, la personalidad propia, la historia propia, la cultura propia, el país de origen propio. Ergo: no tomarse nada a lo personal ni como definitivo.

El taller también se basó en las pautas de diálogo que propone la italiana Lucia Fronza, ex presidenta del Movimiento Políticos por la Unidad (MPPU) Internacional (uno de los partners del United World Project).

El enfoque de Fronza tiene como premisa la predisposición personal al acercamiento: “Imaginemos que, si yo estoy en un sitio y el otro está delante mío, y hay que dar pasos para encontrarnos en el medio, yo tengo que estar dispuesta a dar todos los pasos que hagan falta para llegar al otro. Lo ideal es que cada uno se mueva y nos encontremos en el centro, pero si el otro no se mueve, la idea es que yo me mueva todo lo que haga falta para llegar al otro, para que ocurra ese diálogo, ese encuentro”, lo explica Susana.

Una vez terminado el intercambio y transcurrida la palabra de cada participante, la idea era rastrear si, en todo lo que se había dicho, existían puntos en común. Siempre con la apertura a que no hubiese ninguno, y en ese caso buscarle respuesta a “¿por qué diferimos?”, “¿por qué no estamos de acuerdo en eso?”.

Igino Giordani - Fundación Igino Giordani
Igino Giordani – Fundación Igino Giordani

Susana grafica el proceso así: “Es una forma de hablar poniendo las cosas sobre la mesa: no vamos a cocinar nada, sino que vamos a ver qué ingredientes tenemos. El fin es cocinar algo, pero a lo mejor no cocinamos nada, simplemente miramos qué ingredientes tenemos. La idea es que siempre o casi siempre se puede encontrar algo en común”.

Dialogar es asumir riesgos

En esta primera edición, el ciclo Y tú, ¿qué piensas? se realizó exclusivamente de manera online. Sus organizadores saben que, en un futuro, poder hacerlo presencial contribuiría significativamente a la experiencia.

De todos modos, el espacio de la Fundación Igino Giordani se convirtió durante algunas semanas en un espacio fuera de la zona de confort. Porque dialogar, atreverse a dialogar, atreverse a habitar ese campo de discusión (es decir, ese campo de -según el diccionario- análisis o comparación de los resultados, a la luz de otros existentes o posibles) implica asumir riesgos.

Dice Susana: “Asumir ese riesgo de no saber lo que pueda pasar. Lo que me dice el otro tiene que de alguna manera tocarme, aunque sea una opinión contraria a la mía. Tengo que intentar ver qué es lo que el otro quiere transmitir con esa opinión. Por qué el otro piensa como piensa”.